Luchando por salir (Anónimo)
Y por cruzar la vereda hasta el balcón.
Que en mi ser se han producido ciertos cambios en los últimos meses es algo que no se puede ocultar. He intentado alejarlo lo máximo posible de mi entorno pero con este retroceso sólo he conseguido dar cuerda al reloj para que en algún momento marque mi hora. De la redacción de estas palabras tan sólo he de decir que a falta de escucha he gritado al viento todo mi espíritu para no tener que volver a soportarlo.
Entiendo que el individualismo es una involución de nuestra mentalidad como humanos, así como entiendo que no podrá llevarme a demasiadas cosas buenas el que me tome los problemas con una actitud nihilista, también entiendo que debería mantenerme firme ante cualquier oleada, cualquier marea; pero en el día de hoy, donde estaba la entereza de años ahora sólo veo las desatendidas telarañas de mis errores. He sido un idiota. He perdonado demasiado y he permitido que llegara mi conclusión, quizás sin hacer demasiado, quizás tirado en algún rincón. Ni tengo excusa ni siento la voz, atrapado entre estas dialécticas; lo único que se me ha ocurrido es imitar al flamenco y esconder la cabeza entre la mierda para no despeinarme cuando lleguen mis fantasmas. Lo que no entiendo es el afán ajeno de algunos por dominar las acciones de los demás, o el incansable espíritu de otros por estar siempre encima de los primeros. Tampoco entiendo la estupidez de quien luce unas ideas desde la más pura hipocresía ni la de quienes osan recalcar su propia estulticia mediante el “aparente” refinamiento de la personalidad, o la búsqueda de la verdad. No hay verdad, sólo hay hombres y mujeres, y las reminiscencias de sus actos.
Ante todo esto puedo estar a punto de errar una vez más, pero si os soy sincero, ni siquiera eso me importa ya. Se han marchado todos los sueños, todos los motivos se han esfumado, y me han dejado sólo una vez más en los mares del sino. ¿Qué haré hoy? Parece que lo único que haré será drogarme profundo una vez más…, miraré por la ventana y comtemplaré tirado el techo de una habitación, esperando a un momento que se ha muerto, que no tiene lugar en el tiempo. He despertado en un campo desierto donde no había nada, NADA. Está todo tan vacío ahora que estoy tan cerca de sacar mi conclusión que me sorprendo. ¿No me he dado cuenta de la existencia de mis apoyos o simplemente nunca los he tenido? Creí que sería todo diferente, no más fácil, eso nunca, pero me encuadré en esa idea, y acabé a la deriva recogiendo mis lamentos de una más que fría habitación. Todo cuanto he tenido no me sirve, no me satisface y me produce asco. Y lo peor es que el único pensamiento que puede sacarse de esto es que me doy asco. Y cuando llegué a ese punto, percibí la terribilidad del asunto en todo su esplendor y magnificencia. Estaba allí, inmaculada y llena de nada, esperándome, sabiendo que aun que no quisiera acabaría entre sus brazos para percibir la dulzura que hay en su terribilismo. Descubrí el amargo olor a mierda del fracaso, oliendo por todas las estancias, por toda la ciudad, penetrando en mi hogar, destruyendo a mis “cercanos” y dejándome ver la mierda oculta en el jardín.
El asco me empacha y el dolor me encoge de una manera brutal, violenta e indigesta. No distingo la realidad en mi dolor o mi condición (¿humana?) brotando de entre la mierda de los demás. Me he dado la ostia necesaria, y no sé si la he sentido, pero ahí ha estado. ¿qué hacer ahora, en el fondo del abismo?
Sólo quise ver volar la cometa por una vez y el rayo me alcanzó, volatilizándome, transformando mi sentido en un eco de lo que en algún momento intenté llegar a ser. Y ahora, desde lo más inescrutable de mis delirios, sólo queda la determinación de encontrarme con el día en que sienta vergüenza de haber escrito esta absurda parrafada, que en busca del yo mismo y con el anhelo de olvidarme de mí he vomitado mientras fracasaba en mi intento de volver a la cima del pozo, de subir hasta llegar al instante vaciío en que me arrojé a lo desconocido. ¿Qué hacer ahora en el abismo? Es todo tan triste que sólo podría jugar al parchís viendo volar a las gaviotas detrás de un cristal, detrás de otro vacío.
Te estaré esperando aquí, sentado en la memoria. (Aunque me digas voy, voy, voy, y yo te diga que te esperaré siempre). Ya no tengo nada, ni siquiera mucho que decir, ni sentido tiene que diga ya nada.
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